Narrativa fotográfica. Contando la historia de una boda. Vol. II

Seguimos hablando en torno a la narrativa fotográfica enfocada a la fotografía de bodas. Ya en un anterior capítulo conseguimos enmarcar, nunca mejor dicho, las imágenes como contenedoras únicas de historias.

ventana@ Carlos Sardá

 

Una sola fotografía puede contar una historia completa por sí misma o una pequeña narración dentro de un reportaje completo. Recordemos una imagen que incluimos en el anterior post dedicado a narrativa. En ella aparecía una novia bajando las escaleras. Se utilizó para ello un plano cerrado de la escena porque nuestra mente es capaz de completar los elementos que faltan.

La iconografía de bodas en este caso juega a nuestro favor como espectadores. Un vestido de novia es reconocido por todos. Un sólo instante capturado nos sirve para reconocer que está bajando una escalera. La dirección a la cual van dirigidos sus pasos, incluso el dinamismo (no demasiado pronunciado, eso sí) nos puede despertar la imaginación y llegar a creer que baja corriendo.

 

previosnovia@ Aitor Audicana

 

La imagen podría funcionar como fotografía aislada, tiene la fuerza necesaria para que no necesite de un contexto, pero si queremos hablar de narrativa fotográfica y de series fotográficas, debemos poner énfasis en ello para acercarnos a la realidad y no a un fotograma de una película inventada por nosotros los espectadores.

 

El reportaje de boda como una película (a nivel estético)

 

A lo largo de algunos artículos hemos hablado de la importancia de los detalles del entorno para contextualizar un reportaje de bodas. No podemos olvidar que un reportaje de una boda es el reflejo de lo acontecido tal y como si estuviésemos reviviéndolo en forma de película.

Una película no empieza contándonos la historia a través del documental para después pasar a un thriller psicológico, sólo en casos experimentales como “Ciudadano Kane”, directores como Orson Welles se podían permitir esas licencias poéticas. Pero si vemos una cinta estándar todo suele estar grabado con la misma estética.

 

 

Dentro de un reportaje de bodas, esa misma manera de contar las cosas debe estar presente desde la casa de los novios hasta el baile. Por ello el uso de unas mismas lentes y de unas mismas características a la hora de tomar las imágenes es fundamental para que el conjunto en su estado final, que es el álbum de boda, sea armonioso y comprensible.

Si mezclamos tipos de recursos sin coherencia, imaginemos fotografía tradicional de posado con un estilo más periodístico, a su vez aderezado con potentes imágenes que poco tienen que ver con una estética más delicada que podamos incluir en los previos, toda esa amalgama de estilos no facilitarán que la historia que queremos contar sea creíble.

 

previosleyendo@ Carlos Sardá

 

Por tanto, en un primer momento, es muy importante tener claro hacia donde va a ir nuestra fotografía para que la narrativa tenga un mismo sentido visual. Hemos hablado de este aspecto a nivel estético porque la imagen, como fotógrafos que somos, parece que es lo primero que suele importarnos.

En el próximo capítulo hablaremos del reportaje de boda como una película a nivel textual, de guión, poniendo especial atención en cómo vamos enlazando secuencias y cómo vamos escribiendo la historia de nuestros novios. Hasta entonces, sed un poco desafiantes a mis palabras y haced un visionado de “Ciudadano Kane”, siempre recomendable como inspiración a la hora de saltarse las normas.

 

Por Gema S. Nájera

Foto portada: Don Bringas

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